domingo, 4 de julio de 2010

“El cuerpo como huella. La protección de la mujer en los conflictos armados. (abstracs). Lic. Simons Rossi


Las mujeres en situación de guerras étnicas religiosas sufren la violencia no sólo por su condición étnica-religiosa sino por su condición de mujer. La violencia física y simbólica a las cuales están sometidas es de una magnitud que destroza lo más íntimo de la psiquis humana femenina: la violencia sexual. En algunos casos, los violadores expresan un motivo que parece tener más sentido bajo las tácticas del ancestral pillaje que con el siglo XX: embarazando a la fuerza y envenenando, así, la sangre del enemigo. En esta estrategia de estigmatización, el sentido del cuerpo tiene un sentido específico. En los conflictos armados se suele elegir a las mujeres como víctimas de la tortura por su rol y papel de educadoras y símbolos de la comunidad.
La atención internacional se centró primero en el uso de la violación como táctica de guerra en Bosnia, donde una comisión de las Naciones Unidas y grupos de derechos humanos descubrieron que los grupos paramilitares serbios habían alentado sistemáticamente la violación de mujeres bosnias musulmanas como parte del esfuerzo para expulsar a los musulmanes de sus casas y villas entre 1991 y 1995. La violación como un instrumento, quizás el más destructivo dentro de las tecnologías de la guerra, está destinado a destruir simbólicamente al Otro.
La etnia o el grupo étnico es una comunidad imaginada un grupo de gente que se identifica con una matriz construida por la historia: sus gustos son construidos, sus símbolos y sus rituales son construidos. Casi siempre hablan una misma lengua y la diferencia entre grupo étnico y nación es histórica y relativa. Los Estados naciones han luchado siempre contra la diversidad que dispersara la homogenización nacional de modo que lo diferente lo han sentido como amenaza a su integridad, es decir que la diversidad étnica y las expresiones públicas de la misma han sido algo más bien para controlar a través de diversos mecanismos socializadores como la educación oficial, las cárceles o las leyes. Todos dispositivos de construcción de sujetos. Esta lucha se dio mediante la imposición del idioma del grupo social dominante y su cultura que se asume como representante de la Nación y la lealtad hacia el Estado era incompatible con otras lealtades: o se estaba con uno o con el otro pero no se podía estar con ambos. Esta pretensión es justamente la raíz de los nacionalismos y el anclaje de los totalitarismos.
Se denominan nacionalidades a los grupos étnicos que tuvieron o desean volver a tener un status político autónomo (su propio país). El papel que juegan en dichos conflictos las cuestiones relativas a la identidad tales como la lengua, la "raza", la religión o la cultura en general, es una variable que marca la diferencia y que está presente en los conflictos y termina por ser la variable explicativa. No todas las diferencias culturales llevan a la formación de movimientos basados en las mismas, sean étnicos, etnopolíticos o nacionalistas. Del mismo modo, no todos los
nacionalismos son violentos ni todas las diferencias étnicas llevan a la violencia. De hecho, no está resuelto el problema de saber qué factores son los que, una vez constituido el movimiento nacionalista o étnico, llevan a la violencia aunque la propensión a la violencia que puedan tener
los distintos tipos de nacionalismos si es que parece que pueda ser establecida.
Una gran parte de estos conflictos armados pueden relacionarse directamente con el colapso
de la Unión Soviética o con el debilitamiento del Estado, en este caso el soviético y antiguos
satélites.
Como afirma Bartolomé (1), los conflictos de raíces profundas muestran una alta posibilidad de empleo de la violencia entre los contendientes y su empleo no está limitado a los combatientes, sino que alcanza a todos los integrantes del otro bando, sin discriminación. La pérdida del concepto de "culpa individual" fruto de la tradición cristiana de Occidente se transforma en una "culpa colectiva" que se esparce a todo los otros sociales. “En los conflictos intraestatales de raíces profundas, las reivindicaciones étnicas adoptan la forma de etnonacionalismo y hay un alto riesgo de uso de la violencia entre los contendientes. Esta violencia no está limitada a los combatientes: es total y se orienta a la aniquilación del enemigo permanente”
Lo cierto es que en estos conflictos, cerca del 90% de las víctimas de guerra en la actualidad son civiles, la mayoría de ellos mujeres y niños, en contraste con lo que sucedía hace un siglo, cuando el 90% de los que perdían sus vidas era personal militar y si bien las comunidades enteras sufren las consecuencias de los conflictos armados, son especialmente las mujeres y las niñas quienes se ven particularmente afectadas debido a su condición jurídica y social y por su sexo.
Reiteradamente es noticia el uso de la violación por parte de las partes involucradas en los conflictos, a mujeres y niñas, llegando a ser la misma un recurso sistemático utilizado como táctica de guerra, aparte de las otras formas de violencia contra las mujeres. Los crímenes de guerra incluyen la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo forzado, la esterilización forzada, y cualquier otra forma de violencia sexual que constituya una violación grave de los convenios de Ginebra.
En los conflictos armados los civiles se han convertido en los principales objetivos en las guerras. Desde las violaciones y desplazamiento, hasta negación del derecho a los alimentos y las medicinas. Si bien ninguna sociedad se prepara nunca bien para una guerra, algunas están mejor preparadas para la guerra que otras y de hecho, la guerra se sucede en sociedades que generalmente no están preparadas para afrontarlas, afectando mayoritariamente a quienes escasamente pueden sobreponerse a ella. En este contexto, la vulnerabilidad de las mujeres y los niños a las violaciones de derechos humanos aumenta inexorablemente en las situaciones de
conflicto armado. Los variados aspectos de discriminación y violencia que la sociedad utiliza en contra de las mujeres y niños, así como la diversidad de formas en que viven las violaciones a sus derechos, como integrantes de la especie humana, es el eje de cuestión en el presente análisis.
La violación ha sido incluida explícitamente como crimen de lesa humanidad en los estatutos de los Tribunales especiales establecidos por el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas para conocer de los delitos cometidos en la ex Yugoslavia y en Rwanda. Ambos tribunales han emitido varios autos de acusación relacionados con la violencia sexual, y el Tribunal para Rwanda ha condenado a un acusado de genocidio, incluso como resultado de violencia sexual.
A escala regional, órganos interamericanos y europeos de derechos humanos han considerado que la violencia sexual y la violación en situaciones de conflicto constituyen violaciones de los tratados de derechos humanos. Varios de ellos han iniciado procesos penales y civiles contra individuos acusados de haber perpetrado actos de violencia basados en el género contra mujeres en situaciones de conflicto armado. Los conflictos armados y en aumento y las violaciones vinculadas a los mismos, han dado lugar a un aumento en el número de corrientes forzadas de desplazamientos internos y de refugiados. Más del 75% de las personas desplazadas son mujeres y niños, y en algunas poblaciones de refugiados esas cifras alcanzan el 90%.
Las guerras recientes han demostrado cada vez con mayor frecuencia cómo las hostilidades afectan, e incluso hacen blanco, de las poblaciones civiles y las imágenes de sus consecuencias nos llegan con mayor rapidez y veracidad que nunca antes. En la cruda realidad de estas imágenes que muestran al mundo la violencia y la convulsión social que tan radicalmente afectan tanto a mujeres como a hombres, las historias que las acompañan, también muestran claramente cómo las experiencias personales de la guerra están determinadas por el género. La violación sistemática de mujeres como arma psicológica ya está incorporada a las nuevas tácticas militares: violan, brutalizan, humillan, degüellan y acuchillan hasta la muerte a mujeres y niñas.
Más civiles que soldados son mutilados y asesinados en las guerras del nacionalismo y la etnicidad. Éstos son los conflictos que marcan el fin de siglo, guerras que no se pelean en campos de batalla sino en los patios del barrio de las ciudades afectadas; crean problemas que se desplazan sin pasaporte y que no respetan las fronteras nacionales, aun cuando éstas son defendidas de manera específica.
Todo conflicto armado junto con las huellas que el mismo instala en las personas que los sufren, afecta de modos diferentes la vida tanto de hombres como de mujeres. El cuerpo de la mujer como huella de la violencia, del género y el poder es un simbólico importante dentro de los conflictos armados y muchas veces, apelar al recurso de la violación como arma de guerra es un instrumento que destruye la integridad no sólo psicológica de la víctima sino sociológicocomunitaria a la cual pertenece.

Foto: foto:http://radiouniversidad.wordpress.com/2009/06/1
0/la-mujer-como-botin-de-guerra/


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Notas:
(1) Bartolomé, Mariano: Conflictos intraestatales de raíz étnica: Factores de incidencia, gobernabilidad y opciones posibles. SAAP. Buenos Aires, Julio de 2000

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