martes, 16 de febrero de 2010

La hermanita perdida (Atahualpa Yupanqui - Ariel Ramírez)



De la mañana a la noche,
de la noche a la mañana,
en grandes olas azules
y encajes de espuma blanca,
te va llegando el saludo
permanente de la Patria.

Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.

Amarillentos papeles
te pintan con otra laya.
Pero son veinte millones
que te llamamos: hermana ...
Sobre las aguas australes
planean gaviotas blancas.
Dura piedra enternecida
por la sagrada esperanza.

Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.

Malvinas, tierra cautiva,
de un rubio tiempo pirata.
Patagonia te suspira.
Toda la Pampa te llama.
Seguirán las mil banderas
del mar, azules y blancas,
pero queremos ver una
sobre tus piedras, clavada.
Para llenarte de criollos.
Para curtirte la cara
hasta que logres el gesto
tradicional de la Patria.

Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.

foto: www.26noticias.com.ar

viernes, 12 de febrero de 2010

Apolo y Dafne o amar inútilmente

Apolo y Dafne. William Waterhouse. Oleo 1908



Apolo, el dios del sol y de la música, era un gran cazador. Habiéndo herido con sus flechas, a la temible serpiente Pitón, la siguió, moribunda, en su huída hacía el templo de Delfos. Allí acabó con ella mediante varios disparos de sus flechas. Delfos era un lugar sagrado donde se pronunciaban los oráculos de la Madre Tierra. Hasta los dioses consultaban el oráculo y se sintieron ofendidos de que allí se hubiera cometido un asesinato. Querían que Apolo reparase de algún modo lo que había hecho, pero Apolo reclamó Delfos para sí. Se apoderó del oráculo y fundó unos juegos anuales que debían celebrarse en un gran anfiteatro, en la colina que había junto al templo. Orgulloso Apolo de la victoria conseguida sobre la serpiente Pitón, se atrevió a burlarse del dios Eros por llevar arco y flechas siendo tan niño. Irritado, Eros se vengó disparándole una flecha de oro, que le hizo enamorarse de la ninfa Dafne locamente, mientras a esta le disparó otra flecha, esta de plomo, que le hizo odiar el amor y especialmente el de Apolo. Dafne era una ninfa cazadora consagrada a Ártemis, y por lo tanto, rechazaba cualquier tipo de amor masculino, y, por supuesto, no quería casarse.

De tal modo, el enamorado Apolo persiguió locamente a Dafne. Mientras, ella huía de él. Pero, poco a poco, Apolo fue reduciendo distancias y cuando iba a darle alcance, y se encontraba ya cansada, Dafne pidió ayuda a su padre, el río Peneo de Tesalia. Apenas había concluido la súplica, cuando todos los miembros se le entorpecen: sus entrañas se cubren de una tierna corteza, los cabellos se convierten en hojas, los brazos en ramas, los pies, que eran antes tan ligeros, se transforman en retorcidas raíces, ocupa finalmente el rostro la altura y sólo queda en ella la belleza. Este nuevo árbol es, no obstante, el objeto del amor de Apolo, y puesta su mano derecha en el tronco, advierte que aún palpita el corazón de su amada dentro de la nueva corteza, y abrazando las ramas como miembros de su cariño, besa aquél árbol que parece rechazar sus besos.

Como consecuencia de este lance, el laurel es la planta dedicada a Apolo, en recuerdo de su amor por Dafne. Una corona de laurel era el premio que recibían los ganadores del concurso Pítico.

DOBLE VIDAS

Te prometo no volver a decirte lo que siento ... no verás en mis ojos el amor... no hice bien en mostrarlo, nunca hago bien cuando lo muestro ... seré tu querida, aquella que te hace despegar de tus momentos aburridos y tendré mi vida ... pero quizás, si puedes leer entre líneas, verás que es todo una mentira ... pero no escucharás un te quiero que no puedas devolver ... a ese compromiso no te obligaré ... no me pondré perfume para que me recuerdes ni para que recaigan las sospechas sobre ti y seguirás con tu apariencia, y te pregunto .... por qué viniste a mi y me enroscaste con tu dulzura sabiendo lo que yo necesitaba ... me quieres por momentos eternos ... me quieres saber que soy tuya ... soy tuya pero jamás te lo diré.

25 DE OCTUBRE DE 2007

Las Erinnias o el grito de la sangre


Las Erinnias, también llamadas las Euménides o las bondadosas, son identificadas como las divinidades violentas llamadas Furias, en la mitología romana. Antiguas desde el principio de los tiempos, nacieron de las gotas de sangre con las que se impregnó la tierra después de la mutilación de Urano castrado por su hijo Cronos.
Como fuerzas primitivas que son, no reconocen la autoridad de los dioses olímpicos, y no tienen más ley que la de ellas mismas y hasta el mismísimo Zeus se vio obligado a obedecerlas. En principio su número era indeterminado, pero más tarde se identificarían tres, al igual que las Moiras o Destinos: Alecto, Tisífone y Megera.
Se las representa como genios alados con serpientes en la cabeza y llevando en las manos antorchas y látigos, enloqueciendo a sus víctimas y torturándolas de mil maneras y su morada es la Tiniebla de los Infiernos: el Erebo.
Su misión principal es la venganza del crimen, especialmente las faltas contra la familia y del orden social, en concreto su exceso, la Hybris, que tiende a hacer olvidar al hombre su condición de mortal. Prohíben a los adivinos y profetas revelar con excesiva precisión el futuro, es decir, liberar a los humanos de su incertidumbre y asemejarlos demasiado a los dioses. Una de sus funciones es castigar al homicida, no solo al asesinato criminal voluntario, sino al homicida en general, ya que el asesinato es una mancha de signo religioso, generalmente el asesino es desterrado de su patria y vaga errante de ciudad en ciudad hasta que encuentra a alguien dispuesto a purificarlo de su delito.
Más adelante la Erinnias van concibiéndose como las divinidades de los castigos infernales. Son divinidades de venganza por crímenes entre consanguíneos. Representan el odio, el recuerdo, la memoria de la culpa y la demanda de que el crimen tenga su castigo. (Jean-Pierre Vernat, Érase una vez el Universo, los dioses y los hombres. FCE. 2008)
Orestes ha vertido la sangre de su propia madre pero Orestes no ha consumado su crimen con mente malvada. El ha vengado a su padre, Agammenón al que esa mujer , su madre, había engañado y asesinado. Pero detrás de ese crimen consumado hay alguien más: Apolo, quien exigía a los oidos de Orestes, venganza.
Frente al tribunal que juzga su causa están las Erinnias, las implacables, que exigen retribución … ellas solo reconocen los hechos ¿Mataste a tu madre? –preguntan a Orestes y su confesión decide su juicio; de nada sirve que Apolo mismo haya ordenado el crimen. ¿Es justo que el vengador del parricidio vierta la sangre materna? Según la ley de la sangre la respuesta no puede ser otra que no y las Ernnias deben tener razón! Clitemnestra no ha cometido crimen contra la sangre, ella ha asesinado a su consorte; Orestes, en cambio, ha tomado la sangre de su propia madre.

Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo. Judith Butler


Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo de Judith Butler:
El sexo, ¿es una marca o dato indeleble de la biología? ¿O es una producción, un efecto forzado que fija los limites y la validez de los cuerpos? En Cuerpos que importan, Judith Butler, retoma ambos presupuestos y los somete a debate para comprender cómo aquello que fue excluido de la esfera propiamente dicha del sexo tiene un retorno perturbador que incide radicalmente en el horizonte simbólico según el cual unos cuerpos importan más que otros.

Autora: Judith Butler
Título original:Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo
Editorial: Paidos
Año publicación: 2003
Temas: Ensayo : Filosofía

LA ESPIRAL DEL SILENCIO. OPINIÓN PÚBLICA: NUESTRA PIEL SOCIAL. Noelle Neumann, Elisabeth

Sobre el libro: 332pp. Título del original en inglés: The Spiral of Silence. Public Opinion: Our Social Skin. Traducción de Javier Ruiz Calderón. Colección Paidós Comunicación, 62.

En esta obra pionera, Elisabeth Noelle-Neumann estudia la opinión pública como una forma de control social en la que los individuos, percibiendo casi instintivamente las opiniones de quienes les rodean, adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no. A través de la exposición de una de las más contundentes teorías sobre el tema, el texto acaba convirtiéndose en una importante contribución no sólo a la progresiva construcción de una historia de la opinión pública, sino también, por poner dos ejemplos concretos, a la comprensión del comportamiento de los votantes en general, o al esclarecimiento de las relaciones entre el hombre moderno y los medios de comunicación. Una lectura obligatoria, así, tanto para los científicos sociales interesados por la formación de la opinión pública, como para todos aquellos que sientan cierta curiosidad por conocer un poco más el papel que ésta desempeña en la sociedad contemporánea. Elisabeth Noelle-Neumann es directora del Centro de Investigación de la Opinión Pública de Allensbach (Alemania) y profesora de Investigación de las Comunicaciones en la Universidad de Mainz.