viernes, 12 de febrero de 2010

Las Erinnias o el grito de la sangre


Las Erinnias, también llamadas las Euménides o las bondadosas, son identificadas como las divinidades violentas llamadas Furias, en la mitología romana. Antiguas desde el principio de los tiempos, nacieron de las gotas de sangre con las que se impregnó la tierra después de la mutilación de Urano castrado por su hijo Cronos.
Como fuerzas primitivas que son, no reconocen la autoridad de los dioses olímpicos, y no tienen más ley que la de ellas mismas y hasta el mismísimo Zeus se vio obligado a obedecerlas. En principio su número era indeterminado, pero más tarde se identificarían tres, al igual que las Moiras o Destinos: Alecto, Tisífone y Megera.
Se las representa como genios alados con serpientes en la cabeza y llevando en las manos antorchas y látigos, enloqueciendo a sus víctimas y torturándolas de mil maneras y su morada es la Tiniebla de los Infiernos: el Erebo.
Su misión principal es la venganza del crimen, especialmente las faltas contra la familia y del orden social, en concreto su exceso, la Hybris, que tiende a hacer olvidar al hombre su condición de mortal. Prohíben a los adivinos y profetas revelar con excesiva precisión el futuro, es decir, liberar a los humanos de su incertidumbre y asemejarlos demasiado a los dioses. Una de sus funciones es castigar al homicida, no solo al asesinato criminal voluntario, sino al homicida en general, ya que el asesinato es una mancha de signo religioso, generalmente el asesino es desterrado de su patria y vaga errante de ciudad en ciudad hasta que encuentra a alguien dispuesto a purificarlo de su delito.
Más adelante la Erinnias van concibiéndose como las divinidades de los castigos infernales. Son divinidades de venganza por crímenes entre consanguíneos. Representan el odio, el recuerdo, la memoria de la culpa y la demanda de que el crimen tenga su castigo. (Jean-Pierre Vernat, Érase una vez el Universo, los dioses y los hombres. FCE. 2008)
Orestes ha vertido la sangre de su propia madre pero Orestes no ha consumado su crimen con mente malvada. El ha vengado a su padre, Agammenón al que esa mujer , su madre, había engañado y asesinado. Pero detrás de ese crimen consumado hay alguien más: Apolo, quien exigía a los oidos de Orestes, venganza.
Frente al tribunal que juzga su causa están las Erinnias, las implacables, que exigen retribución … ellas solo reconocen los hechos ¿Mataste a tu madre? –preguntan a Orestes y su confesión decide su juicio; de nada sirve que Apolo mismo haya ordenado el crimen. ¿Es justo que el vengador del parricidio vierta la sangre materna? Según la ley de la sangre la respuesta no puede ser otra que no y las Ernnias deben tener razón! Clitemnestra no ha cometido crimen contra la sangre, ella ha asesinado a su consorte; Orestes, en cambio, ha tomado la sangre de su propia madre.

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