
Si no podés decirme nada
entonces prefiero que no tengamos nada ...
ni siquiera la frialdad de ser amantes
porque hasta para ser amantes se necesita pasión...
una pasión que no expresan ni tus palabras ni tu corazón.
Se terminó mi don de los dioses ...
lo tuve solo por el momento en que fue bello y resplandeciente...
yo te admiraba, yo te amaba y estaba deslumbrada con vos ...
ese sol leonino que resplandecía sobre tu cara.
Ahora prefiero tener el recuerdo de esa última vez que nos vimos...
esa vez que me di cuenta que te estabas yendo y no lo decías...
te estabas yendo en silencio.
Y sé que volver a verte sería mirar atrás,
yo ... que nunca veo atrás cuando me marcho
porque no quiero pensar en lo que dejo en el camino,
cuando decido soltar con el apego y el arraigo.
Era verdad cuando dijiste aquella vez que no podías sentir nada ...
Una vez un hombre a quien amaba y no me amaba me dijo:
el deseo no es amor...
nada más apropiado en vos ...
tu deseo por mi no es amor
y mi amor por vos se transformó en deseo
... te he amado tanto!
Pensé que tenías entereza y dignidad,
que tenías honor ... quizás era eso lo que amaba en vos,
lo que amo en un hombre.
Pero ahora, desaparecidas la entereza y la dignidad
sólo queda tu estructura superficial...
tu cuerpo dionisíaco, tu bello rostro
... tu formado cuerpo frío como el mármol
tus ojos están vacíos ...
encontré tu punto de rajadura y te partiste en mil pedazos...
Mónica B. Simons Rossi
No hay comentarios:
Publicar un comentario